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Por: Víctor R. Hernández
Hoy lunes, Guadalupe Taddei Zavala debería presentar formalmente ante la Cámara de Diputados su renuncia como consejera presidenta del Instituto Nacional Electoral. El comunicado oficial del INE (número 460, del 25 de octubre) lo anunció con solemnidad institucional: tras una “profunda reflexión”, la funcionaria decidió dejar el cargo que la soberanía le confirió en abril de 2023 para “proteger al Instituto” y colocar por encima de “cualquier interés coyuntural o personal” la estabilidad, credibilidad e independencia del árbitro electoral.
El texto se publicó. Luego desapareció. Luego reapareció en medio de la confusión. Esa danza de aparición y desaparición del comunicado oficial es el primer síntoma de la descomposición. No es un detalle menor: es la metáfora perfecta de una institución que, bajo el control de quien llegó de la mano de Morena, ya no puede sostener ni siquiera el relato de su propia salida.
El comunicado reconoce los “trascendidos, montajes, filtraciones y versiones” que circularon en los últimos días. No nombra a Reforma ni a Latinus, pero todo México sabe a qué se refiere. No anticipa conclusiones —dice Taddei— porque “cada señalamiento debe examinarse con evidencia y por las vías institucionales”. La frase es correcta en abstracto. En concreto, llega tarde y huele a derrota.
El escándalo que la obligó a irse
Lo que detonó la crisis no fue un rumor de pasillo. Fueron reportajes documentados de Reforma y las grabaciones difundidas por Latinus. El material más demoledor muestra al hijo de la consejera presidenta, Jorge Francisco Piñeda Taddei, en una suite de lujo del hotel Le Meurice en París, con el contratista José Alfredo Hernández Casillas. La suite ronda los 200 mil pesos por noche. En el video, Hernández Casillas le dice: “¡París a tus pies, chamaquito!” Se escucha el brindis con champán y la frase “¡Qué buena está la champagne de París!”.
Otros videos y fotografías muestran la cercanía social: fiestas patrias, brindis, reuniones. No es un encuentro fortuito. Es una relación de largo aliento. Hernández Casillas y su hermano Raymundo encabezan una red de empresas (Cajas Graf, Corporativo Zeg, TOL Producciones y otras) que han recibido contratos millonarios del INE y de organismos electorales locales, incluyendo el de Sonora cuando Taddei lo presidía.
Las cifras, según las investigaciones periodísticas y las fuentes citadas por Reforma, son contundentes: alrededor de 245 millones de pesos en contratos vinculados a estas empresas; una adjudicación directa de aproximadamente 198 millones en 2025 tras una licitación declarada desierta; y, según fuentes cercanas a la Auditoría Superior de la Federación, irregularidades acreditadas por 514 millones de pesos que incluyen contratos simulados, triangulación de recursos y operaciones con empresas factureras o sancionadas por el SAT.
A esto se suma el personal. Jonathan Navarrete Torres, que figuró como chofer de Taddei con un sueldo superior a los 45 mil pesos mensuales, aparece como apoderado de Corporativo Zeg desde 2023, antes de entrar a la nómina del INE. Octavio García González pasó de representante legal de las empresas del grupo a director de Administración del instituto. El patrón se repite: los cercanos al contratista favorito terminan dentro del órgano o vinculados a él.
La ASF abrió investigación de oficio el 23 de octubre. Tiene, según su propio comunicado, “elementos e indicios” de irregularidades en contrataciones, posibles conflictos de interés, colusiones y triangulación de recursos. La investigación abarca al INE, a los OPLE, a empresas, funcionarios y proveedores. La Unidad de Inteligencia Financiera ya venía revisando al menos siete empresas del grupo por simulación de competencia y facturación falsa. El INE anunció relevos en áreas administrativas clave y dijo que colaborará. Demasiado tarde para el relato de la “probidad”.
La designación que ya llevaba el sello
Taddei no llegó al INE por consenso amplio ni por una trayectoria impecable de autonomía. En marzo de 2023 la Cámara de Diputados, de mayoría morenista, la designó por insaculación tras no alcanzar acuerdo. El PAN impugnó alegando nexos familiares con Morena: Pablo Daniel Taddei (LitioMX), Jorge Luis Taddei (superdelegado de Bienestar en Sonora), Ivana Celeste Taddei (diputada local), entre otros. El TEPJF confirmó la designación. Morena celebró. Sheinbaum, entonces jefa de Gobierno, tuiteó celebrando la “diferencia” y el discurso de austeridad de la nueva presidenta del INE.
Hoy esa austeridad se diluye frente a las suites parisinas y los contratos concentrados. Sheinbaum ha dicho públicamente que “no debe haber ninguna sombra de corrupción” en el INE y que se hagan las auditorías necesarias. Ha dejado la decisión de renunciar o no en manos de Taddei. No exigió su salida de inmediato. El mensaje institucional de la 4T es claro: se investiga, se limpia, se protege la imagen del movimiento. El daño a la institución ya está hecho.
Lo que esto revela del proyecto
El título de esta columna no es retórica. Es diagnóstico. Morena no inventó la corrupción en el Estado mexicano, pero sí ha perfeccionado el arte de capturar instituciones autónomas, colocar perfiles afines o familiares, y luego, cuando el escándalo estalla, presentar la salida como un acto de “sentido de Estado” y “protección de la institución”. El INE fue el árbitro que Morena más odió cuando Lorenzo Córdova lo encabezaba. Lo reformó, lo desfinanció en discurso, lo pobló de consejeros de su tómbola y lo dejó en manos de alguien con lazos familiares directos con el movimiento. El resultado es este: un contratista favorito que viaja a París con el hijo de la presidenta mientras las empresas del grupo acumulan cientos de millones en materiales electorales.
El Proceso Electoral Federal 2026-2027 ya inició el 10 de septiembre. La renuncia de Taddei no es un detalle administrativo. Es la evidencia de que la captura institucional tiene costos. Cuando los videos salen, cuando la ASF abre de oficio y cuando el comunicado oficial tiene que ser borrado y republicado, la credibilidad del árbitro ya está herida. La Cámara de Diputados —de nuevo con mayoría morenista— designará al sustituto que complete el periodo. La historia se repite.
Taddei dice que las personas cumplen ciclos y las instituciones permanecen. Tiene razón en la segunda parte. La pregunta es en qué estado permanece el INE después de que Morena lo tocó. Las investigaciones de la ASF y la UIF deben llegar hasta el final, con nombres, montos y responsabilidades. La renuncia de hoy no es suficiente si se convierte en el mecanismo habitual para limpiar el nombre del movimiento y dejar intacta la red que operó.
El INE no se corrompió solo. Se corrompió porque se permitió que el poder político, a través de sus mayorías y sus perfiles, lo colonizara. Todo lo que toca Morena —cuando no hay contrapesos reales— termina mostrando el mismo patrón: contratos concentrados, familiares y cercanos en nómina o en negocios, y cuando el escándalo es inevitable, una salida digna y un llamado a “proteger la institución”. El 26 de octubre de 2026 no es el final de la historia. Es el momento en que el daño ya no se puede ocultar.
La democracia mexicana no se destruye de un solo golpe. Se erosiona cuando el árbitro deja de ser creíble y cuando el poder político que lo designó se lava las manos con auditorías y renuncias calculadas. Hoy el INE lo confirma.




